martes, 8 de agosto de 2017

Amigovio, papichulo ya están en el diccionario de la Lengua Española

Esta es una noticia vieja, para ser exactos es del 2014, pero no está demás recordar esas palabras de uso común en nuestro español, que ya ganaron un lugar en el diccionario de la Real Academia Española.

BBC Mundo/17 de octubre 2014
La edición número 23 del diccionario de la Real Academia Española, RAE, fue presentada este jueves e incluye varias sorpresas para los millones de personas que lo consultan a diario.
El acto, que contó con la presencia del Rey Felipe VI y la Reina Letizia, formaliza la incorporación de palabras como papichulo, amigovio y ziper en libro de referencia para el habla hispana.
La editorial Espasa publica esta obra en todos los países de habla hispana, que tiene 93.111 entradas, frente a las 88.431 de la edición anterior de 2001.
Además, recoge 195.439 acepciones, entre ellas casi 19.000 americanismos, así como voces coloquiales.
Para la RAE, el criterio para incluir una palabra en el diccionario es que, como mínimo, se use en tres países.
Aquí presentamos diez palabras que desde ahora visten traje de gala al formar parte oficial del diccionario RAE.

Las recién llegadas

Amigovio: persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo.
Wifi: red inalámbrica
Chupi: expresión para indicar que la persona la está pasando bien en una fiesta o reunión, o que algo es estupendo.
Homoparental: una familia con hijos formada por dos personas del mismo sexo.
Lonchera: recipiente pequeño que sirve para llevar comida ligera, especialmente los niños cuando van a la escuela.
Basurita: esa partícula de suciedad que molesta tanto cuando se introduce en el ojo.
Miguelito: artefacto con clavos grandes y retorcidos que se utiliza para pinchar neumáticos.

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Limpiavidrios: producto que se utiliza para limpian los cristales.
Papichulo: hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo.
Zíper: cierre o cremallera.

Las que la gente propone

La edición también le ha dado la bienvenida a palabras generadas por la revolución digital.
De esta manera, la expresión red social, tuit, tuitear, tuiteo, tuitero aparecen en recogidas.
Precisamente usando twitter es que el público ha propuesto la incorporación de nuevas palabras a través de la etiqueta #PropuestasParaLaRAE.
El listado encontrado en esa red no es menos llamativo y está generando reacciones.
Entre las más populares propuestas figuran:
Soponcio: enfermedad colombiana y venezolana que solo curan las abuelas.
Patecabra: instrumento o herramienta que utiliza el ñero para laborar
Ñero: amigo o socio de lo ajeno.
Guamazo: Golpe o remate
Ochonarios: equipo de fútbol que hace reír.
Chimbo: cheque falso o sin fondos, negocio desventajoso.

lunes, 7 de agosto de 2017

La patria

Tomado del boletín "La palabra del día" de Ricardo Soca.


Pintura "La Patria" de Jorge González Camarena, 1962. Recuperado de https://reinodetodoslosdias.wordpress.com/tag/cuadro-la-patria/




Patria es el país y la sociedad en que hemos nacido o aquella que hemos adoptado como propia.
La palabra proviene del adjetivo latino patrius 'relativo al padre'. El italiano parece haber sido la primera lengua romance que incorporó patria en su sentido actual, puesto que el primer registro conocido es de Dante Alighieri. Posteriormente, esta denotación fue adquirida por el francés patrie, antes de llegar al español hacia el siglo XIV. Uno de los ejemplos más antiguos es este texto anónimo de entre 1385 y 1396, extraído del corpus histórico de la Academia:
" Stando, pues, en paz el regno de Gallia, la tierra nudrjo una dicipla de la su destruccion, porque suptosament se leuanto en ella una turbacion de infidelidat, e el consentimjento de deslealdat por uno passo a muchos, e fue somoujda rebellacion contra el rey e la patria.

sábado, 22 de julio de 2017

Coma del vocativo

La coma del vocativo, o coma vocativa, es uno de los errores más frecuentes cometidos al escribir. Podríamos decir, incluso, que es el alter ego de la coma asesina o criminal. Hoy vamos a aprender qué es y cuándo hay que ponerla.
El otro día leí la siguiente noticia, cuyo titular es:
(1) La madre de una víctima del Arena: «Sr. Viñals es usted un hijo de puta».
Sin entrar en apreciaciones personales, vemos que tenemos un error. Efectivamente, «Sr. Viñals» debería haber ido separado del resto de la oración mediante una coma. ¿Por qué? Veámoslo…

¿Sujeto o vocativo?

En primer lugar, tendríamos que aclarar de qué estamos tratando. Más de uno tendrá la tentación de decir que «Sr. Viñals» es el sujeto de la oracióny, como dijimos en su momento, el sujeto no se separa de su verbo(salvo casos concretos). Desde este momento podemos asegurar que no es el sujeto, que es «usted». ¿Atributo, pues? Tampoco: el atributo es «un hijo de puta».
¿Qué es, entonces, «Sr. Viñals»? Los más tradicionales lo llamarán «vocativo», mientras que otros le dirán «apóstrofe», «apelación», etc. En mi opinión, y así también lo dice el DLEvocativo es el caso gramatical(lo que correspondería a la morfología, no a la sintaxis), por lo que no sería exacto, aunque, como filólogo clásico, es mi opción preferida. En cualquier caso, no merece la pena profundizar en un conflicto meramente terminológico.

¿Qué es el vocativo?

Para aprender un poco más al respecto, consultemos lo que dice la Sintaxis del latín clásico respecto al vocativo:
La definición y naturaleza de este caso han sido objeto de discusión desde los gramáticos antiguos. En general, se acepta que su contenido es el de apelación (propio para llamar o recabar la atención de una persona, para realizar una invocación, etc.) […]. Desde una postura estructural […] se considera el vocativo como el nombre en el plano de la actuación (funciones impresiva y expresiva del lenguaje), de manera que cumple así un papel similar al del imperativo en la órbita verbal.
[…] Parece claro que el vocativo no presenta problemas para su identificación formal como caso: la presencia de una marca especial de entonación ha hecho innecesaria una diferenciación morfológica.

¿Y por qué es necesaria la coma del vocativo?

El último párrafo citado habla, claro está, de la morfosintaxis latina; en cualquier caso, podemos aprovechar esa explicación. Efectivamente, la presencia de una marca especial de entonación —es decir, que cuando hablamos hay un tonillo característico— se representa en el plano escrito mediante una coma, en cualquier lengua. Esto, dicho sea de paso, se aprende el segundo día de una clase de Latín; que no es que haya que saber latín para esto, pero, curiosamente, es algo que no se suele enseñar en Lengua Castellana (ni en ninguna otra, para el caso).

Recapitulando, podemos concluir que el vocativo se separa siempre mediante comas, tanto de lo que va antes como de lo que va después. Citando a Cicerón, podemos poner estos ejemplos:
(2) ¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?
(2′) Catilina, ¿hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia?
(2”) ¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?
Como ves, la coma del vocativo no es ningún capricho y, de hecho, puede salvar vidas, pues no es lo mismo «vamos a comer niños» que «vamos a comer, niños». 

Tomado delcastellano.com

viernes, 16 de junio de 2017

Los números y el habla en México

Si no eres mexicano, este video te será muy útil para enteder a qué nos referimos cuando usamos números para expresar sentimientos y emociones 😁

La matemática está en nuestra venas...

Posted by Chilanguerías on viernes, 16 de junio de 2017

jueves, 8 de junio de 2017

Lingüistas, de Mario Benedetti

Este cuento está muy ad hoc para este blog ;) ¡Más vale ser directos!






Lingüistas
de Mario Benedetti
Tras la cerrada ovación que puso fin a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y deconstructivistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.
De pronto, las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
—¡Qué sintagma!
—¡Qué polisemia!
—¡Qué significante!
—¡Qué diacrónía!
—¡Qué exemplar ceterorum!
—¡Qué Zungenpitze!
—¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: “Cosita linda.”

martes, 6 de junio de 2017

Por qué algunas personas dicen "comistes, vivistes, hablastes"

Te compartimos este video, donde se explica por qué algunas personas dicen "dijistes", "fuistes", etc. Tiene una explicación lógica.





sábado, 13 de mayo de 2017

¿Cuál fue la primera novela de detectives de la historia?


Por Alfredo Alamo / Tomado de Lecturalia
Si bien las condiciones para hablar de historias de misterio y detectives ya existían a principios del siglo XIX, todavía era un género que estaba por definir como tal. Existían ya algunos cuentos en los que se podía adivinar los grandes rasgos de este tipo de literatura, pero no fue hasta la segunda mitad de dicho siglo que surgieron auténticas novelas, consideradas hoy en día como pioneras. Si bien Edgar Allan Poe abrió el camino con sus relatos y Wilkie Collins lo potenció, lo cierto es que otros dieron los primeros pasos en la novela.
Varios expertos se han puesto de acuerdo en proponer a El misterio de Notting Hill como la primera novela en poder ser considerada como detectivesca, con plena intención de ser así y con las líneas generales que luego se repetirían en cientos de novelas. En ella tenemos una muerte investigada por un detective de seguros, que acaba formando parte de una trama todavía más compleja. Su autor, Charles Felix -seudónimo del editor Charles Warren Adams-, comenzó la publicación de esta novela en 1862, en forma de serial, presentando un volumen completo en 1865.
Hay que decir que, pese a esta primera aparición, la influencia de El misterio de Notting Hill fue anecdótica dentro de la novela de detectives. Los relatos de Poe eran anteriores y su personaje, Dupin, resulta más reconocible en obras posteriores. Quizá haya que destacar también en esta terna de pioneros a un autor francés poco conocido, Èmile Gaboriau.
Trabajando de manera paralela a los ingleses, Gaboriau creó uno de los personajes más memorables de la ficción detectivesca del siglo XIX, Monsieur Lecoq, un joven policía lleno de recursos que el autor francés basó en una figura histórica de gran calado: Vidocq, el ladrón, espía y policía más famoso de París. Uno de sus rasgos característicos era la aplicación de la lógica y la extrema atención al detalle. Se considera a Lecoq como uno de los personajes en los que Conan Doyle se fijó a la hora de crear a Sherlock Holmes.
No podemos dejar de lado tampoco a una mujer, Mary Elizabeth Braddon, quien se adelantó a casi todos los anteriores al publicar en 1860 The Trail of the Serpent, novela que, si bien no cumplía con todos los rasgos de una novela de detectives, estaba a caballo entre el melodrama gótico y este tipo de nueva ficción, convirtiéndose también en una pionera del misterio.

(Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas. Actualmente es el Coordinador de la red social Lecturalia al mismo tiempo que sigue su carrera literaria.

lunes, 1 de mayo de 2017

¿Aun o aún? ¿cómo se escribe?

Cuando estás redactando te has enfrentado a la duda sobre si se escribe aun o aún. Pues entonces te dejamos la respuesta de cuándo usar con acento y sin acento.


Imagen de Lectroactivos

lunes, 24 de abril de 2017

La prosa sudorosa


La prosa sencilla se ve como algo escolar, amateur, porque transmite la sensación de que el texto no ha costado esfuerzo.




En una conversación con Fernando Aramburu en la revista El Cultural, Fernando Savater cuenta que fue al Museo Romántico de Madrid y vio algunos manuscritos de Bécquer. Savater admiraba la claridad y simpleza del poeta, pero vio que los textos expuestos estaban llenos de “tachaduras, rectificaciones, arrepentimientos, añadidos… ¡Cuánto esfuerzo le había costado llegar a la definitiva sencillez! Y, sobre todo, cuánto le costó que el distraído lector nunca notase olor a sudor, a gimnasio, en sus páginas.”

La prosa sencilla se ve como algo escolar, amateur, porque transmite la sensación de que el texto no ha costado esfuerzo. A Savater sus alumnos le decían “‘A ti se te entiende todo’, pero con un poco de reproche. Admiraban a los que entendían solo a medias, porque les resultaban más profundos.” Tengo un amigo que una vez, para no escribir la expresión “vender la moto”, que suena muy simple, escribió “saldar la motocicleta”. En vez de “convertirse”, pon mejor “tornarse”, que queda más literario. En vez de “es”, di “no es sino”. Mejor “antaño” (u “otrora”) que pasado.

La buena escritura es, según esta lógica, cuanto más palabras mejor, y cuanto más cerca de una carta de amor perfumada del siglo XIX, más respetable. Buscar el sinónimo más enrevesado para no caer en el cliché acaba siendo aún más cliché. A veces, como en el periodismo deportivo, parece mostrar un complejo de inferioridad frente a otros géneros periodísticos: si decimos “cancerbero” en vez de “portero” quizá nos tengan más respeto.

George Packer escribe en un texto sobre George Orwell en Letras Libres que “las palabras no deberían llamar la atención sobre sí mismas, deberían llevar al lector directamente a la realidad.” Esto no significa que en la sencillez y en la prosa clara no pueda haber un intento estético, o una búsqueda de la belleza. En “Por qué escribo” Orwell afirma que uno de sus motivos es el “Entusiasmo estético”: “La percepción de la belleza en el mundo exterior o, si se quiere, en las palabras y en su adecuada disposición. El placer ante el impacto de un sonido u otro, ante la firmeza de una buena prosa, ante el ritmo de un buen relato [las cursivas son mías].”

He escrito pocas cartas de amor. Pessoa decía que es más ridículo no haber escrito nunca una carta de amor que haberlo hecho. La que mejor me salió no la llegué a enviar. Era muy lacónica, con frases muy cortas, tenía ritmo y una buena estructura. Me basé en una columna de Félix Romeo en la que admitía que estaba enamorado. En ese texto, escrito en San Valentín, critica que “el amor nos sigue produciendo un tremendo pudor”. Escribe con naturalidad y palabras sencillas de algo tan común como el amor: “Estoy enamorado, sí. Y no me avergüenza decirlo, ni siquiera en San Valentín.” Su laconismo resulta tierno, casi ingenuo. No envié la carta porque me dio vergüenza enviar una carta de amor con una prosa tan fría. También me daba algo de pudor: no podía esconderme tras palabras enrevesadas. Quizá tampoco me creía del todo lo que decía en ella. Y me imaginaba una respuesta como “vaya, pero dime algo bonito”. Pero si le añadía metáforas, palabras cursis o arabescos, más que una carta de amor perfumada me parecía estar enviando una carta con olor a sudor.



viernes, 14 de abril de 2017

Mala redacción de estudiantes causa alarma en universidades

Esta es una nota de Costa Rica, y que la compartimos ya que en México hay una realidad muy parecida (por no decir que igual) con los estudiantes universitarios, que llegan a ese nivel sin saber escribir correctamente, analizar y sin comprensión lectora.


Fallas en comprensión de lectura y ortografía afectan desempeño
’U' obligadas a dar cursos de nivelación; MEP cambió planes para atacar vacíos
Los ensayos que la profesora Silvia Arce recibe de sus alumnos de Estudios Generales tienen, con mucha frecuencia, los mismos errores que se le podrían encontrar un escrito elaborado por un escolar.
Para la docente Arce, de la Universidad Nacional (UNA), esa es una de muchas pruebas de las deficiencias en redacción y ortografía con que los muchachos llegan a la enseñanza superior.
“Está fuera del alcance de muchos de los alumnos hacer un ensayo sencillo; escriben un par de líneas, no saben concatenar ideas; la ortografía es muy mala.
”Tienen una falencia total de estrategias de redacción, la cohesión de ideas, la puntuación, colocar tildes, todo”, dijo Arce, quien se desempeña en el área de Filosofía y Letras.
La preocupación no es solo suya; la tienen otros profesores y hasta rectores de universidades públicas y privadas.
También la comparten especialistas en Educación y el propio Ministerio de Educación Pública (MEP), el cual decidió modificar los programas de Español de primaria, donde comienzan a gestarse los problemas que luego llegan a los salones universitarios.
Dicha situación ha obligado a las casas de enseñanza a abrir cursos de nivelación en un intento desesperado por combatir los vicios.
En la UNA, por ejemplo, se imparten talleres dedicados a mejorar las destrezas en lectoescritura. En el 2016, unos 1.000 alumnos llevaron esos cursos, luego de ser referidos por profesores.
“Estamos afrontando los problemas de rezago con que cuentan los jóvenes. Tenemos cursos de nivelación; en el caso de redacción y ortografía, tenemos el plan Éxito Académico que es un programa dedicado a eso", explicó Alberto Salom, rector de la UNA.
Las universidades privadas también implementaron cursos de emergencia.
Sin embargo, Alban Bonilla, director de la Unión de Rectores de Universidades Privadas (Unire), reconoció que estos talleres no logran solventar las carencias por completo, sino que funcionan como una medida paliativa.
¿Por qué el rezago? La mayoría de los especialistas consultados apuntan a que estos vicios son arrastrados por los jóvenes desde la escuela y que empeoran por la falta de lectura.
Para Guillermo Malavassi, rector de la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA) y exministro de Educación (1966 a 1969), los fundamentos de redacción, ortografía y comprensión de lectura se aprenden en primaria y, difícilmente, hay tiempo para corregir deficiencias en secundaria, y mucho menos, en la universidad.
El fortalecimiento de la lectoescritura, a criterio de Malavassi, depende de los textos y del gusto por la lectura que los alumnos hayan desarrollado en primaria y secundaria. Además, se relaciona con el léxico que usen los padres en los hogares y la calidad de los maestros.
“Los estudios indican que los niños cuyos padres manejan un léxico adecuado y que tienen maestros que les fomentan la lectura, al tener entre 8 y 9 años, pueden dominar un vocabulario de unas 1.200 palabras. Si ocurre lo contrario, el léxico que manejan a esa edad puede llegar máximo a 200 palabras", manifestó Malavassi.
El uso de aparatos electrónicos también podría estar contribuyendo al rezago.
Alban Bonilla, director de Unire, señaló que los jóvenes tienen ahora la costumbre de acortar las palabras cuando escriben en el teléfono celular y que muchos de estos aparatos corrigen en forma automática los errores ortográficos.
“La falta del hábito de la lectura se nota en la universidad. La mayoría de los alumnos se resisten a leer; les gustaría conformarse con lo que uno les da en clase; si leen, lo hacen a medias”, aseveró Bonilla
La última Encuesta Nacional de Cultura, publicada en el 2014, reveló que el 51,4% de la población no leyó libros en los 12 meses previos a la consulta. El 17,5% leyó libros al menos una vez por semana y solo el 12,7% lo hizo todos los días.
La falta de lectura también se reflejó en los resultados del diagnóstico del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA), que se dieron a conocer en el 2016. Según este estudio, Costa Rica desmejoró en el área de comprensión lectora, pues obtuvo 427 puntos y hace tres años esta puntuación fue de 436.
Además, en los últimos cinco años, la nota promedio de la prueba nacional de bachillerato de Redacción y Ortografía no ha pasado de 77.
Cambios. El MEP es conocedor del problema. Así quedó reflejado en la justificación del cambio en los programas de estudio de Español que realizó en 2014 para el nivel escolar.
“Los estudiantes no saben leer y escribir bien”, admitió el Ministerio en el texto.
La culpa, según el MEP, es de los “métodos tradicionales” de lectoescritura que no potencian la comprensión de lectura, sino solo la decodificación, o sea, los alumnos leen, pero no entienden. También atribuye responsabilidad a la “limitada” formación de los docentes.
Los nuevos programas, según la viceministra académica, Alicia Vargas, “transforman, radicalmente, el aprendizaje de la lectoescritura”. Se fundamentan en el desarrollo de las cuatro áreas comunicativas: comprensión oral, expresión oral, lectura y escritura.
Los resultados de dicha transformación se verán en los próximos años.
“Se han incluido proyectos para desarrollar el gusto por la lectura tales como Érase una vez y concursos para incentivar la creatividad literaria tales como Mi Cuento Fantástico , manifestó Vargas.
El MEP también afirma haber intensificado las capacitaciones de docentes y el uso de nuevas metodologías para desarrollar la lectoescritura.
Para Isabel Román, coordinadora del proyecto Estado de la Educación, el nuevo programa de Español “es bueno”, pero dijo que también es importante ver lo que pasa en el aula y dar acompañamiento al docente.
Gilberto Alfaro, director del Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (Sinaes) y coordinador nacional de ProLeer, añade otra urgencia más: No se trata solo del cambio en una asignatura porque hay que entender, leer y escribir bien en prácticamente todas las áreas del conocimiento.

'Los profesores se desesperan porque ven batalla perdida'

La pobre redacción, comprensión de lectura y ortografía que muestran los jóvenes en las aulas universitarias hace que los "profesores se desesperen, porque ven que es una batalla perdida".
Así lo describe Guillermo Malavassi, quien es cofundador de la Universidad Autónoma de Centro América (UACA), y su rector desde 1976.
"Es muy extendida la problemática. Los estudiantes no saben redactar, analizar temas, no saben relacionar una cosa con otra, no saben de puntuación. La ortografía y la redacción se han de aprender en la escuela y para esto es importante que los maestros conozcan sobre esto", dijo Malavassi, quien fue ministro de Educación de 1966 a 1969.
Malavassi cree que los cursos de nivelación de redacción y ortografía para universitarios lo que hacen es "remendar" los malos hábitos que no se corrigieron a tiempo.
"Lo que no se hizo en la educación primaria no se puede reparar en un curso de un año en una universidad. Si los maestros no corrigen los errores que se cometen en el aula, los arrastran a la secundaria, luego a la universidad y con los mismos errores se terminan graduando como pasa actualmente", manifestó el rector.
A su criterio, sobresalen en la universidad los alumnos a quienes se les ha inculcado desde el hogar un buen léxico y maestros que les enseñaron textos bien redactados. A ellos se les facilita hacer los trabajos de la universidad y tienen mejor desempeño. Sobresalen quienes han tenido desde pequeños un gusto por la lectura.
Según el rector, a quienes llegan a la educación superior con problemas de lectoescritura, les cuesta expresarse, comprender una lectura y hasta entender las preguntas del examen.

sábado, 8 de abril de 2017

Cómo el medioevo se coló a nuestras aulas

¿Cómo surge la clasificación de las palabras? Te compartimos este artículo de la revista Algarabía.



Las partes de la oración que con tanto empeño nos enseñan en la primaria se conformaron en la Edad Media ¿Pero sabes a quién le debemos la caracterización sintáctica de los enunciados?





Si bien los tratados gramaticales de las lenguas «vulgares» de la Edad Media no partieron de cero,1pues la rica tradición grecolatina de Prisciano, Varrón y Donato circunscribió todos los trabajos,2sí representaron el afianzamiento de algunas cuestiones gramaticales, entre ellas, las partes de la oración que conocemos hoy en día.
El año 1492 no sólo fue ilustre por el descubrimiento de América, sino también porque el humanista y filólogo Antonio de Nebrija (ca. 1444-1522) publicó la Gramática de la lengua castellana, considerada la primera obra dedicada al estudio de la lengua castellana y sus reglas.
No en balde dicen que «el imperio va de la mano de la lengua».
Nebrija dividió la oración en diez partes de acuerdo con las tradiciones griega y latina, y mezcló la sintaxis con la morfología; por ejemplo, el sujeto con el nombre, que seguro le parecerán familiares, pues han prevalecido hasta nuestros días.
1. Nombre. Significa ‘cuerpo, cosa’. Tiene seis accidentes : calidad —común y propio—; especie —distingue patronímicos, diminutivos, aumentativos, comparativos, denominativos, función nominal de infinitivo, participiales y posesivos—; figura —simples y compuestos—; género —femenino, masculino, neutro, dual, trial, indefinido, epiceno—; número —singular o plural— y declinación por casos —provenientes de la latina en nominativo, genitivo, dativo, acusativo y vocativo.
2. Pronombre. Se llama así porque se pone en lugar del nombre propio, y tiene seis accidentes: yo, tú, él, nosotros, ustedes y ellos.
3. Artículo. Parte que se añade a algún nombre para demostrar de qué género es. Él lo clasifica en tres: el, la y lo.
4. Preposición. Es un nexo de relación que se antepone a una palabra, por aposición o composición.
5. Conjunción. Es una de las partes de la oración que junta y ordena alguna sentencia.
6. Adverbio. Lo compara con el adjetivo, ya que al añadirse al verbo determina alguna cualidad de la acción, así como lo hace el primero con el sustantivo. Considera los siguientes tipos: de lugar, tiempo, negación, afirmación, duda, deseo, «para semejar», «para jurar», cantidad, calidad, los terminados en –mente; los interrogativos, entre otros.
7. Verbo. Se considera la «palabra por excelencia» porque permite declarar o sentenciar algo. Distingue ocho accidentes: especie, figura, género, modo, tiempo, número, persona
y conjugación.

¿Ceviche o cebiche?

Has visto la palabra cebiche escrita así: ceviche o cebiche, ¿Cuál es la forma correcta? ¡Te vas a sorprender!

Te compartimos esta publicación de Larousse: