jueves, 19 de octubre de 2017

La interpretación de palabras...

Interesante nota sobre la interpretación de palabras...

La RAE interviene en una polémica propiciada por la curiosa respuesta de un niño en un examen de matemáticas

Tomado de Sin Embargo




Ciudad de México, 17 de octubre (SinEmbargo).- El padre de un niño de siete años publicó en Twitter un examen de matemáticas que el menor reprobó. La prueba causó polémica con más de mil 700 respuestas de usuarios en menos de 24 horas.

De acuerdo con el portal Verne, el usuario con la cuenta @nachobbb asegura que su hijo no cometió ningún error en la prueba, y que más bien el maestro no entendió la manera en que el pequeño razonó las respuestas, afirmación que es apoyada por varios usuarios.

En el examen se solicita al alumno de primaria que escriba con cifra los “siguientes” números. Lo que vuelve problemático al enunciado es que emplea la palabra “siguiente”, y que según interpretó el niño, le solicitaba sumar una cifra a cada número expresado en el texto. 

De acuerdo con la académica Lola Pons, consultada por Verne, la manera en como está construida la oración proporciona al término “siguiente” un significado catafórico, es decir, “que anticipa algo que viene después, como por ejemplo en la frase se cita a los alumnos siguientes (seguido de una lista de alumnos)”. 

Sin embargo, el término empleado en la prueba matemática también puede presentar un sentido correlativo, como sucede en la frase: “no viene este día, sino el siguiente”, indicó la especialista.

La polémica llegó hasta la Real Academia Española (RAE) que aclaró las dudas sobre si el maestro había juzgado mal las respuestas al comentar que “tal como está redactado el ejercicio, la interpretación natural es que se escriban en cifra los números que se citan a continuación”. Es este caso “los siguientes números” tendrían que entenderse como “los números a continuación”.

La especialista considera que en este caso el contexto tiene un peso importante, al determinar el sentido de la oración. “Al haber una lista de números inmediatamente después de la palabra ‘siguiente’, lo natural es que se le dé el significado catafórico, que anticipa algo que viene después”, mencionó Pons.

Sin embargo, la “RAE” hace referencia a una “interpretación natural”, que es la que llevó a cabo el niño y que parece ser que otros menores también realizan, pues otra tuitera respondió al padre que su hija de 6 años interpretó de la misma manera un examen similar.

jueves, 5 de octubre de 2017

¿Cuándo usar así mismo, asimismo o a sí mismo?




A sí mismoasí mismo y asimismo tienen un sonido prácticamente igual, pero significan cosas distintas.
La grafía a sí mismo está formada por la preposición a, el pronombre reflexivo  y el adjetivo mismo y, por ser adjetivo, admite variaciones de género y número (a sí misma, a sí mismosa sí mismas): «Los tres ediles se votaron a sí mismos en la investidura».
Las formas así mismo asimismo se emplean indistintamente cuando su significado es el de ‘también o además’: «Así mismo, señalaba que no se ha planteado en ningún momento formar equipo de Gobierno» y «Asimismo señalan que el cambio climático provocará una disminución del área de distribución de muchas especies forestales».
También se escribe así mismo, en dos palabras, cuando se trata del adverbio así y del adverbio mismo, en el que este último funciona como refuerzo y puede omitirse: «Lo hizo así (mismo)».

Tomado de FundéuBBVA

sábado, 30 de septiembre de 2017

¿Nunca estas seguro cuándo usar los signos de puntuación? Para de sufrir, te compartimos esto.
Tomado de la Revista Algarabía



martes, 8 de agosto de 2017

Amigovio, papichulo ya están en el diccionario de la Lengua Española

Esta es una noticia vieja, para ser exactos es del 2014, pero no está demás recordar esas palabras de uso común en nuestro español, que ya ganaron un lugar en el diccionario de la Real Academia Española.

BBC Mundo/17 de octubre 2014
La edición número 23 del diccionario de la Real Academia Española, RAE, fue presentada este jueves e incluye varias sorpresas para los millones de personas que lo consultan a diario.
El acto, que contó con la presencia del Rey Felipe VI y la Reina Letizia, formaliza la incorporación de palabras como papichulo, amigovio y ziper en libro de referencia para el habla hispana.
La editorial Espasa publica esta obra en todos los países de habla hispana, que tiene 93.111 entradas, frente a las 88.431 de la edición anterior de 2001.
Además, recoge 195.439 acepciones, entre ellas casi 19.000 americanismos, así como voces coloquiales.
Para la RAE, el criterio para incluir una palabra en el diccionario es que, como mínimo, se use en tres países.
Aquí presentamos diez palabras que desde ahora visten traje de gala al formar parte oficial del diccionario RAE.

Las recién llegadas

Amigovio: persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo.
Wifi: red inalámbrica
Chupi: expresión para indicar que la persona la está pasando bien en una fiesta o reunión, o que algo es estupendo.
Homoparental: una familia con hijos formada por dos personas del mismo sexo.
Lonchera: recipiente pequeño que sirve para llevar comida ligera, especialmente los niños cuando van a la escuela.
Basurita: esa partícula de suciedad que molesta tanto cuando se introduce en el ojo.
Miguelito: artefacto con clavos grandes y retorcidos que se utiliza para pinchar neumáticos.

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Limpiavidrios: producto que se utiliza para limpian los cristales.
Papichulo: hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo.
Zíper: cierre o cremallera.

Las que la gente propone

La edición también le ha dado la bienvenida a palabras generadas por la revolución digital.
De esta manera, la expresión red social, tuit, tuitear, tuiteo, tuitero aparecen en recogidas.
Precisamente usando twitter es que el público ha propuesto la incorporación de nuevas palabras a través de la etiqueta #PropuestasParaLaRAE.
El listado encontrado en esa red no es menos llamativo y está generando reacciones.
Entre las más populares propuestas figuran:
Soponcio: enfermedad colombiana y venezolana que solo curan las abuelas.
Patecabra: instrumento o herramienta que utiliza el ñero para laborar
Ñero: amigo o socio de lo ajeno.
Guamazo: Golpe o remate
Ochonarios: equipo de fútbol que hace reír.
Chimbo: cheque falso o sin fondos, negocio desventajoso.

lunes, 7 de agosto de 2017

La patria

Tomado del boletín "La palabra del día" de Ricardo Soca.


Pintura "La Patria" de Jorge González Camarena, 1962. Recuperado de https://reinodetodoslosdias.wordpress.com/tag/cuadro-la-patria/




Patria es el país y la sociedad en que hemos nacido o aquella que hemos adoptado como propia.
La palabra proviene del adjetivo latino patrius 'relativo al padre'. El italiano parece haber sido la primera lengua romance que incorporó patria en su sentido actual, puesto que el primer registro conocido es de Dante Alighieri. Posteriormente, esta denotación fue adquirida por el francés patrie, antes de llegar al español hacia el siglo XIV. Uno de los ejemplos más antiguos es este texto anónimo de entre 1385 y 1396, extraído del corpus histórico de la Academia:
" Stando, pues, en paz el regno de Gallia, la tierra nudrjo una dicipla de la su destruccion, porque suptosament se leuanto en ella una turbacion de infidelidat, e el consentimjento de deslealdat por uno passo a muchos, e fue somoujda rebellacion contra el rey e la patria.

sábado, 22 de julio de 2017

Coma del vocativo

La coma del vocativo, o coma vocativa, es uno de los errores más frecuentes cometidos al escribir. Podríamos decir, incluso, que es el alter ego de la coma asesina o criminal. Hoy vamos a aprender qué es y cuándo hay que ponerla.
El otro día leí la siguiente noticia, cuyo titular es:
(1) La madre de una víctima del Arena: «Sr. Viñals es usted un hijo de puta».
Sin entrar en apreciaciones personales, vemos que tenemos un error. Efectivamente, «Sr. Viñals» debería haber ido separado del resto de la oración mediante una coma. ¿Por qué? Veámoslo…

¿Sujeto o vocativo?

En primer lugar, tendríamos que aclarar de qué estamos tratando. Más de uno tendrá la tentación de decir que «Sr. Viñals» es el sujeto de la oracióny, como dijimos en su momento, el sujeto no se separa de su verbo(salvo casos concretos). Desde este momento podemos asegurar que no es el sujeto, que es «usted». ¿Atributo, pues? Tampoco: el atributo es «un hijo de puta».
¿Qué es, entonces, «Sr. Viñals»? Los más tradicionales lo llamarán «vocativo», mientras que otros le dirán «apóstrofe», «apelación», etc. En mi opinión, y así también lo dice el DLEvocativo es el caso gramatical(lo que correspondería a la morfología, no a la sintaxis), por lo que no sería exacto, aunque, como filólogo clásico, es mi opción preferida. En cualquier caso, no merece la pena profundizar en un conflicto meramente terminológico.

¿Qué es el vocativo?

Para aprender un poco más al respecto, consultemos lo que dice la Sintaxis del latín clásico respecto al vocativo:
La definición y naturaleza de este caso han sido objeto de discusión desde los gramáticos antiguos. En general, se acepta que su contenido es el de apelación (propio para llamar o recabar la atención de una persona, para realizar una invocación, etc.) […]. Desde una postura estructural […] se considera el vocativo como el nombre en el plano de la actuación (funciones impresiva y expresiva del lenguaje), de manera que cumple así un papel similar al del imperativo en la órbita verbal.
[…] Parece claro que el vocativo no presenta problemas para su identificación formal como caso: la presencia de una marca especial de entonación ha hecho innecesaria una diferenciación morfológica.

¿Y por qué es necesaria la coma del vocativo?

El último párrafo citado habla, claro está, de la morfosintaxis latina; en cualquier caso, podemos aprovechar esa explicación. Efectivamente, la presencia de una marca especial de entonación —es decir, que cuando hablamos hay un tonillo característico— se representa en el plano escrito mediante una coma, en cualquier lengua. Esto, dicho sea de paso, se aprende el segundo día de una clase de Latín; que no es que haya que saber latín para esto, pero, curiosamente, es algo que no se suele enseñar en Lengua Castellana (ni en ninguna otra, para el caso).

Recapitulando, podemos concluir que el vocativo se separa siempre mediante comas, tanto de lo que va antes como de lo que va después. Citando a Cicerón, podemos poner estos ejemplos:
(2) ¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?
(2′) Catilina, ¿hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia?
(2”) ¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?
Como ves, la coma del vocativo no es ningún capricho y, de hecho, puede salvar vidas, pues no es lo mismo «vamos a comer niños» que «vamos a comer, niños». 

Tomado delcastellano.com

viernes, 16 de junio de 2017

Los números y el habla en México

Si no eres mexicano, este video te será muy útil para enteder a qué nos referimos cuando usamos números para expresar sentimientos y emociones 😁

jueves, 8 de junio de 2017

Lingüistas, de Mario Benedetti

Este cuento está muy ad hoc para este blog ;) ¡Más vale ser directos!






Lingüistas
de Mario Benedetti
Tras la cerrada ovación que puso fin a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y deconstructivistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.
De pronto, las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
—¡Qué sintagma!
—¡Qué polisemia!
—¡Qué significante!
—¡Qué diacrónía!
—¡Qué exemplar ceterorum!
—¡Qué Zungenpitze!
—¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: “Cosita linda.”

martes, 6 de junio de 2017

Por qué algunas personas dicen "comistes, vivistes, hablastes"

Te compartimos este video, donde se explica por qué algunas personas dicen "dijistes", "fuistes", etc. Tiene una explicación lógica.





sábado, 13 de mayo de 2017

¿Cuál fue la primera novela de detectives de la historia?


Por Alfredo Alamo / Tomado de Lecturalia
Si bien las condiciones para hablar de historias de misterio y detectives ya existían a principios del siglo XIX, todavía era un género que estaba por definir como tal. Existían ya algunos cuentos en los que se podía adivinar los grandes rasgos de este tipo de literatura, pero no fue hasta la segunda mitad de dicho siglo que surgieron auténticas novelas, consideradas hoy en día como pioneras. Si bien Edgar Allan Poe abrió el camino con sus relatos y Wilkie Collins lo potenció, lo cierto es que otros dieron los primeros pasos en la novela.
Varios expertos se han puesto de acuerdo en proponer a El misterio de Notting Hill como la primera novela en poder ser considerada como detectivesca, con plena intención de ser así y con las líneas generales que luego se repetirían en cientos de novelas. En ella tenemos una muerte investigada por un detective de seguros, que acaba formando parte de una trama todavía más compleja. Su autor, Charles Felix -seudónimo del editor Charles Warren Adams-, comenzó la publicación de esta novela en 1862, en forma de serial, presentando un volumen completo en 1865.
Hay que decir que, pese a esta primera aparición, la influencia de El misterio de Notting Hill fue anecdótica dentro de la novela de detectives. Los relatos de Poe eran anteriores y su personaje, Dupin, resulta más reconocible en obras posteriores. Quizá haya que destacar también en esta terna de pioneros a un autor francés poco conocido, Èmile Gaboriau.
Trabajando de manera paralela a los ingleses, Gaboriau creó uno de los personajes más memorables de la ficción detectivesca del siglo XIX, Monsieur Lecoq, un joven policía lleno de recursos que el autor francés basó en una figura histórica de gran calado: Vidocq, el ladrón, espía y policía más famoso de París. Uno de sus rasgos característicos era la aplicación de la lógica y la extrema atención al detalle. Se considera a Lecoq como uno de los personajes en los que Conan Doyle se fijó a la hora de crear a Sherlock Holmes.
No podemos dejar de lado tampoco a una mujer, Mary Elizabeth Braddon, quien se adelantó a casi todos los anteriores al publicar en 1860 The Trail of the Serpent, novela que, si bien no cumplía con todos los rasgos de una novela de detectives, estaba a caballo entre el melodrama gótico y este tipo de nueva ficción, convirtiéndose también en una pionera del misterio.

(Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas. Actualmente es el Coordinador de la red social Lecturalia al mismo tiempo que sigue su carrera literaria.

lunes, 1 de mayo de 2017

¿Aun o aún? ¿cómo se escribe?

Cuando estás redactando te has enfrentado a la duda sobre si se escribe aun o aún. Pues entonces te dejamos la respuesta de cuándo usar con acento y sin acento.


Imagen de Lectroactivos

lunes, 24 de abril de 2017

La prosa sudorosa


La prosa sencilla se ve como algo escolar, amateur, porque transmite la sensación de que el texto no ha costado esfuerzo.




En una conversación con Fernando Aramburu en la revista El Cultural, Fernando Savater cuenta que fue al Museo Romántico de Madrid y vio algunos manuscritos de Bécquer. Savater admiraba la claridad y simpleza del poeta, pero vio que los textos expuestos estaban llenos de “tachaduras, rectificaciones, arrepentimientos, añadidos… ¡Cuánto esfuerzo le había costado llegar a la definitiva sencillez! Y, sobre todo, cuánto le costó que el distraído lector nunca notase olor a sudor, a gimnasio, en sus páginas.”

La prosa sencilla se ve como algo escolar, amateur, porque transmite la sensación de que el texto no ha costado esfuerzo. A Savater sus alumnos le decían “‘A ti se te entiende todo’, pero con un poco de reproche. Admiraban a los que entendían solo a medias, porque les resultaban más profundos.” Tengo un amigo que una vez, para no escribir la expresión “vender la moto”, que suena muy simple, escribió “saldar la motocicleta”. En vez de “convertirse”, pon mejor “tornarse”, que queda más literario. En vez de “es”, di “no es sino”. Mejor “antaño” (u “otrora”) que pasado.

La buena escritura es, según esta lógica, cuanto más palabras mejor, y cuanto más cerca de una carta de amor perfumada del siglo XIX, más respetable. Buscar el sinónimo más enrevesado para no caer en el cliché acaba siendo aún más cliché. A veces, como en el periodismo deportivo, parece mostrar un complejo de inferioridad frente a otros géneros periodísticos: si decimos “cancerbero” en vez de “portero” quizá nos tengan más respeto.

George Packer escribe en un texto sobre George Orwell en Letras Libres que “las palabras no deberían llamar la atención sobre sí mismas, deberían llevar al lector directamente a la realidad.” Esto no significa que en la sencillez y en la prosa clara no pueda haber un intento estético, o una búsqueda de la belleza. En “Por qué escribo” Orwell afirma que uno de sus motivos es el “Entusiasmo estético”: “La percepción de la belleza en el mundo exterior o, si se quiere, en las palabras y en su adecuada disposición. El placer ante el impacto de un sonido u otro, ante la firmeza de una buena prosa, ante el ritmo de un buen relato [las cursivas son mías].”

He escrito pocas cartas de amor. Pessoa decía que es más ridículo no haber escrito nunca una carta de amor que haberlo hecho. La que mejor me salió no la llegué a enviar. Era muy lacónica, con frases muy cortas, tenía ritmo y una buena estructura. Me basé en una columna de Félix Romeo en la que admitía que estaba enamorado. En ese texto, escrito en San Valentín, critica que “el amor nos sigue produciendo un tremendo pudor”. Escribe con naturalidad y palabras sencillas de algo tan común como el amor: “Estoy enamorado, sí. Y no me avergüenza decirlo, ni siquiera en San Valentín.” Su laconismo resulta tierno, casi ingenuo. No envié la carta porque me dio vergüenza enviar una carta de amor con una prosa tan fría. También me daba algo de pudor: no podía esconderme tras palabras enrevesadas. Quizá tampoco me creía del todo lo que decía en ella. Y me imaginaba una respuesta como “vaya, pero dime algo bonito”. Pero si le añadía metáforas, palabras cursis o arabescos, más que una carta de amor perfumada me parecía estar enviando una carta con olor a sudor.