sábado, 7 de abril de 2018

La palabra NACO

Tomado de Algarabía.


¿Qué estás diciendo cuando dices «NACO»?


Sea cual sea su origen el hecho es que «naco» se relaciona inmediatamente con la idea de los españoles de considerar a los indígenas inferiores.

El drae, en una de sus acepciones, define naco como sinónimo de «indio» o «indígena»; por su parte el dem —Diccionario del Español de México— lo registra como «que es ignorante, torpe o carece de educación. Que es de mal gusto o sin clase» y, por su parte, el Diccionario de mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua, agrega: «persona de bajos recursos, despreciada por su estrato sociocultural bajo».
Sobre el origen de esta palabra, no se ha llegado a ningún acuerdo: según Francisco J. Santamaría, naco viene del otomí —cuñado—; en su Diccionario de mejicanismos, agrega que: «En Tlaxcala, se refiere a un indio de calzones blancos» y «en Guerrero llaman así a los indígenas nativos del estado y, por extensión, al torpe, ignorante e iletrado».
También, según Guido Gómez de Silva, se trata posiblemente de una derivación de totonaco, es decir del grupo étnico de Veracruz.
s36-ideas-polloPor otro lado, el Diccionario del náhuatl del español de México
 lo considera un nahuatlismo, utilizado despectivamente para referirse a las «personas ignorantes, vulgares o discriminadas por su condición social y económica inferior, atribuyendo su origen a la palabra chinacate: “persona desarrapada o que muestra las carnes por lo raído de sus ropas”, del náhuatl xinácatl —desnudo— que se usaba en tiempos precolombinos para describir a los pollos que nacían sin plumas».

Sea cual sea su origen el hecho es que «naco» se relaciona inmediatamente con la idea de los españoles de considerar a los indígenas inferiores en todos los sentidos. Ya desde la época de la colonia, las castas —que establecerían el sistema social y de pigmentocracia de la Nueva España y luego del México independiente— hacían gala de esta idea preconcebida de considerar una raza, una etnia o una cultura, y hasta una lengua, inferior a otra —desde la nominación misma: saltapatrás, indio, lobo, notentiendo, tenteenelaire, etcétera— y de establecer que quien había nacido en la Península era automáticamente, y sólo por ese hecho, superior a los nacidos en tierras americanas.
Esto parece sólo parte de la historia, pero no lo es tanto, ya que —seamos sinceros, a decir verdad y con todo y la conapred encima— los mexicanos solemos discriminarnos unos a otros —que si porque es morenito, si porque es muy aindiado, que si porque tiene gustos ordinarios, que si porque no tiene coche, que si porque habla mal.
s36-ideas-naco
Es un hecho que todos tendemos a despreciar a otros por su origen étnico, o porque no tiene un nivel socioeconómico como el nuestro, o simplemente porque no se comporta o come, o se viste como nosotros; o peor aún, cuando no habla como nosotros —cuántos programas de tv hacen mofa de la forma de hablar de otros estratos socioculturales, imitándolos de mala manera.
Y cuántas tertulianas radiofónicas no se burlan hasta el cansancio, diciendo que tal o cual palabra: cabello, pantaleta o bilé, por mencionar algunas, «son naquísimas».
La idea del uso de la palabra «naco» es sin duda despectiva, es peyorativa e insultante en cualquier contexto, quizás sólo podría salvarse si se alude que alguien es naco porque es prepotente, o corrupto, o porque roba, o hace cochupos o se pasa de lanza, o usa guaruras, no sé… en ese sentido de alguien que tiene a costa de los demás y que en su alarde de tener pueda sernos agresivo. «Un narco es un naco con r», o algo así. Solamente en ese contexto podría yo emplear esta palabra.
En todos los demás contextos decirle a alguien «naco» es insultarlo e insultarnos a nosotros mismos, cuando decimos que las lentejuelas de alguien son nacas, los nacos estamos siendo nosotros, porque seguramente alguien más podría decir que nuestras corbatas o zapatos o anteojos también lo son y pues ni cómo defendernos.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Escándalo: 'haiga' sí se puede decir y escribir...

Encontramos este interesante texto sobre el ´haiga´y ´haya´, donde la autora da las explicaciones sobre porqué es muchas parte de Latinoamerica aún se dice ´haiga´.
Por supuesto te compartimos el link directo para que explores el blog de la lingüista.


Por Ana María Díaz Collazos

Ph.D. y magíster en Lingüística Hispánica de la Universidad de Florida, y del Instituto Caro y Cuervo.

Existe una cruzada mundial contra el uso de “haiga”, al cual califican de pecado mortal o crimen contra la humanidad. Algunos dicen simplemente que “no existe” porque no está en el diccionario de la Real Academia. Otros, para colmo de males, dicen que “haiga” es un error ortográfico.
“Haiga” no es un error ortográfico, sino una manera alternativa de conjugar el verbo “haber” en presente de subjuntivo, en lugar de “haya”, como por ejemplo: “No me gusta que haiga tanta gente” o “Es posible que él no haiga venido”. 
El campo de la ortografía es únicamente el de lo escrito, no lo hablado. Si alguien escribe “kiero aserte felis”, en español latinoamericano, sí está cometiendo varios errores de ortografía, pues la frase suena exactamente como el correcto “quiero hacerte feliz”. El error está en la escogencia de las letras o “grafías”, de ahí “orto” que significa “bueno” y “grafía”, que significa letra.
No hay manera como la palabra “haiga” pueda sonar igual que “haya”, porque “y” y “ig” representan sonidos diferentes. “Haiga” y “haya” son formas orales distintas. Corregir algo que se dice oralmente no es propio de la ortografía, sino de la gramática prescriptiva o preceptiva, que busca promover una manera uniforme de usar el idioma en contextos formales o cultos. A este uso uniforme del idioma se le conoce como “estándar”. 
Algunas personas que condenan el uso de “haiga” se basan en que el diccionario académico define “haiga” como un automóvil y que esto nada tiene que ver con “haber”. Es decir, se basan en un uso equivocado del diccionario. El diccionario de la Academia no trae como entradas principales verbos conjugados, así que no espere encontrar “haiga” ni “haya” en el diccionario.
Si quiere conocer la forma estándar de conjugar un verbo, debe buscar la forma infinitiva, en este caso “haber”, y pulsar la opción “conjugar” en la versión en línea del diccionario (www.rae.es). Como “haiga” es una conjugación no estándar, el diccionario solo presentará la forma “haya”. Pero esto no significa que “haiga” no exista. Todo lo que dice un hablante nativo siempre existe.
Estudios lingüísticos muestran que “haiga” se usa en todo el mundo hispanohablante, sobre todo en sectores rurales. Sin embargo, lo más sorprendente es la investigación que hicieron Mary Johnson y Sonia Barnes en Ciudad de México. Encontraron una frecuencia de uso del 36.4% de “haiga” versus “haya”, lo que es bastante más de lo que se esperaba en un sector urbano. Y demuestra que “haiga” sí existe.
Lo que pasa es que ese porcentaje que dice “haiga” forma parte de un sector marginado y despreciado por la sociedad, la gente con menor poder adquisitivo. Ese es todo el problema que tiene: que “haiga” es una conjugación propia de la clase menos favorecida, y de ahí que la élite intelectual condene su uso. Y la historia de “haiga” nos dice que no siempre fue esta su situación.
La forma “haiga” se usó con toda naturalidad entre personas escolarizadas, cultas y educadas hasta el siglo XVIII. Mi propia investigación en documentos históricos muestra que autoridades administrativas y judiciales de todo el continente americano escribían “haiga” sin problema. En todo caso, hay que reconocer que siempre fue más común en lo escrito la conjugación “haya”.
Si nos vamos al latín hablado, encontramos que incluso “haya” se derivó de una pronunciación informal.  “Haya” proviene del subjuntivo “habea”, que pasó a “haea” y de ahí a “haia”, por esa tendencia que todavía existe a convertir la “e” en “i” entre vocales, como ocurre con “pelear” y “peliar”.
Pero esas tres vocales juntas en “haia” resultaban muy raras para el hablante de la edad media temprana, época intermedia entre el latín tardío y el surgimiento del castellano. Así que el hablante medieval empleó dos estrategias para pronunciar “haia”: una fue introducir la consonante “y”, que en “haya”, y otra, la consonante “g”, que dio “haiga”. Es como cuando se dice “yerba” para “hierba”, o “güevo” para “huevo”.
A pesar de todo, sigue siendo un misterio si esta “g” surgió simplemente de la pronunciación o de un intercambio de conjugaciones con verbos como “traer”, “caer” y “oír”. Nótese que “tra-iga”, “ca-iga” y “o-iga” tienen la misma terminación que “ha-iga”. De hecho, existieron también “traya”, “caya” y “oya” en español, como el moderno “haya”, pero “traya” sobrevivió solo hasta el siglo XVII según mi búsqueda en documentos históricos.
El hecho es que “haiga” fue normal hasta el siglo XVIII, y solo en el siglo XIX fue cuando empezó a considerarse un error, tal vez por la mayor popularidad que ya tenía “haya” entre las élites intelectuales. 
“Haiga” ha sobrevivido por continuidad con la tradición colonial en comunidades marginadas de las tendencias culturales de la élite. Las personas lo dicen, no por error, sino porque así aprendieron a hablar de sus padres y abuelos. 
“Haiga” es una conjugación no estándar de “haber”. Decir que es un “error ortográfico” o que “no existe” es más equivocado que decir “haiga”.
Si usted tiene curiosidad para buscar en documentos históricos, puede consultar las bases de datos en http://corpus.rae.es/cordenet.html o www.cordiam.com.

domingo, 29 de octubre de 2017

Por qué, porqué o porque, ¿Cuándo usarlos?

Muchos no saben con exactitud cuándo usar "Por qué", "Porque" o "Porqué", así que te compartimos la explicación que la RAE nos da.



a) porqué
Es un sustantivo masculino que equivale a causa, motivo, razón, y se escribe con tilde por ser palabra aguda terminada en vocal. Puesto que se trata de un sustantivo, se usa normalmente precedido de artículo u otro determinante:
No comprendo el porqué de tu actitud [= la razón de tu actitud].
Todo tiene su porqué [= su causa o su motivo].
Como otros sustantivos, tiene plural:
Hay que averiguar los porqués de este cambio de actitud. 

b) por qué
Se trata de la secuencia formada por la preposición por y el interrogativo o exclamativo qué (palabra tónica que se escribe con tilde diacrítica para distinguirla del relativo y de la conjunción que)Introduce oraciones interrogativas y exclamativas directas e indirectas:
¿Por qué no viniste ayer a la fiesta?
No comprendo por qué te pones así.
¡Por qué calles más bonitas pasamos!
Obsérvese que, a diferencia del sustantivo porqué, la secuencia por qué no puede sustituirse por términos como razón, causa o motivo.

c) porque
Se trata de una conjunción átona, razón por la que se escribe sin tilde. Puede usarse con dos valores:
  • Como conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan causa, caso en que puede sustituirse por locuciones de valor asimismo causal como puesto que o ya que:
No fui a la fiesta porque no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].
La ocupación no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que quedan todavía plazas libres].
También se emplea como encabezamiento de las respuestas a las preguntas introducidas por la secuencia por qué:
—¿Por qué no viniste? —Porque no tenía ganas.
Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras
  • Como conjunción final, seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente a para que:
Hice cuanto pude porque no terminara así [= para que no terminara así].
En este caso, se admite también la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):
Hice cuanto pude por que no terminara así.

d) por que
Puede tratarse de una de las siguientes secuencias:          
  • La preposición por + el pronombre relativo que. En este caso es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (el que, la que, etc.):
Este es el motivo por (el) que te llamé.            
Los premios por (los) que competían no resultaban muy atractivos. 
No sabemos la verdadera razón por (la) que dijo eso. 
  • La preposición por + la conjunción subordinante que. Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan además una oración subordinada introducida por la conjunción que:
Al final optaron por que no se presentase. 
Están ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto. 
Nos confesó su preocupación por que los niños pudieran enfermar.

jueves, 19 de octubre de 2017

La interpretación de palabras...

Interesante nota sobre la interpretación de palabras...

La RAE interviene en una polémica propiciada por la curiosa respuesta de un niño en un examen de matemáticas

Tomado de Sin Embargo




Ciudad de México, 17 de octubre (SinEmbargo).- El padre de un niño de siete años publicó en Twitter un examen de matemáticas que el menor reprobó. La prueba causó polémica con más de mil 700 respuestas de usuarios en menos de 24 horas.

De acuerdo con el portal Verne, el usuario con la cuenta @nachobbb asegura que su hijo no cometió ningún error en la prueba, y que más bien el maestro no entendió la manera en que el pequeño razonó las respuestas, afirmación que es apoyada por varios usuarios.

En el examen se solicita al alumno de primaria que escriba con cifra los “siguientes” números. Lo que vuelve problemático al enunciado es que emplea la palabra “siguiente”, y que según interpretó el niño, le solicitaba sumar una cifra a cada número expresado en el texto. 

De acuerdo con la académica Lola Pons, consultada por Verne, la manera en como está construida la oración proporciona al término “siguiente” un significado catafórico, es decir, “que anticipa algo que viene después, como por ejemplo en la frase se cita a los alumnos siguientes (seguido de una lista de alumnos)”. 

Sin embargo, el término empleado en la prueba matemática también puede presentar un sentido correlativo, como sucede en la frase: “no viene este día, sino el siguiente”, indicó la especialista.

La polémica llegó hasta la Real Academia Española (RAE) que aclaró las dudas sobre si el maestro había juzgado mal las respuestas al comentar que “tal como está redactado el ejercicio, la interpretación natural es que se escriban en cifra los números que se citan a continuación”. Es este caso “los siguientes números” tendrían que entenderse como “los números a continuación”.

La especialista considera que en este caso el contexto tiene un peso importante, al determinar el sentido de la oración. “Al haber una lista de números inmediatamente después de la palabra ‘siguiente’, lo natural es que se le dé el significado catafórico, que anticipa algo que viene después”, mencionó Pons.

Sin embargo, la “RAE” hace referencia a una “interpretación natural”, que es la que llevó a cabo el niño y que parece ser que otros menores también realizan, pues otra tuitera respondió al padre que su hija de 6 años interpretó de la misma manera un examen similar.

jueves, 5 de octubre de 2017

¿Cuándo usar así mismo, asimismo o a sí mismo?




A sí mismoasí mismo y asimismo tienen un sonido prácticamente igual, pero significan cosas distintas.
La grafía a sí mismo está formada por la preposición a, el pronombre reflexivo  y el adjetivo mismo y, por ser adjetivo, admite variaciones de género y número (a sí misma, a sí mismosa sí mismas): «Los tres ediles se votaron a sí mismos en la investidura».
Las formas así mismo asimismo se emplean indistintamente cuando su significado es el de ‘también o además’: «Así mismo, señalaba que no se ha planteado en ningún momento formar equipo de Gobierno» y «Asimismo señalan que el cambio climático provocará una disminución del área de distribución de muchas especies forestales».
También se escribe así mismo, en dos palabras, cuando se trata del adverbio así y del adverbio mismo, en el que este último funciona como refuerzo y puede omitirse: «Lo hizo así (mismo)».

Tomado de FundéuBBVA

sábado, 30 de septiembre de 2017

¿Nunca estas seguro cuándo usar los signos de puntuación? Para de sufrir, te compartimos esto.
Tomado de la Revista Algarabía



martes, 8 de agosto de 2017

Amigovio, papichulo ya están en el diccionario de la Lengua Española

Esta es una noticia vieja, para ser exactos es del 2014, pero no está demás recordar esas palabras de uso común en nuestro español, que ya ganaron un lugar en el diccionario de la Real Academia Española.

BBC Mundo/17 de octubre 2014
La edición número 23 del diccionario de la Real Academia Española, RAE, fue presentada este jueves e incluye varias sorpresas para los millones de personas que lo consultan a diario.
El acto, que contó con la presencia del Rey Felipe VI y la Reina Letizia, formaliza la incorporación de palabras como papichulo, amigovio y ziper en libro de referencia para el habla hispana.
La editorial Espasa publica esta obra en todos los países de habla hispana, que tiene 93.111 entradas, frente a las 88.431 de la edición anterior de 2001.
Además, recoge 195.439 acepciones, entre ellas casi 19.000 americanismos, así como voces coloquiales.
Para la RAE, el criterio para incluir una palabra en el diccionario es que, como mínimo, se use en tres países.
Aquí presentamos diez palabras que desde ahora visten traje de gala al formar parte oficial del diccionario RAE.

Las recién llegadas

Amigovio: persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo.
Wifi: red inalámbrica
Chupi: expresión para indicar que la persona la está pasando bien en una fiesta o reunión, o que algo es estupendo.
Homoparental: una familia con hijos formada por dos personas del mismo sexo.
Lonchera: recipiente pequeño que sirve para llevar comida ligera, especialmente los niños cuando van a la escuela.
Basurita: esa partícula de suciedad que molesta tanto cuando se introduce en el ojo.
Miguelito: artefacto con clavos grandes y retorcidos que se utiliza para pinchar neumáticos.

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Limpiavidrios: producto que se utiliza para limpian los cristales.
Papichulo: hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo.
Zíper: cierre o cremallera.

Las que la gente propone

La edición también le ha dado la bienvenida a palabras generadas por la revolución digital.
De esta manera, la expresión red social, tuit, tuitear, tuiteo, tuitero aparecen en recogidas.
Precisamente usando twitter es que el público ha propuesto la incorporación de nuevas palabras a través de la etiqueta #PropuestasParaLaRAE.
El listado encontrado en esa red no es menos llamativo y está generando reacciones.
Entre las más populares propuestas figuran:
Soponcio: enfermedad colombiana y venezolana que solo curan las abuelas.
Patecabra: instrumento o herramienta que utiliza el ñero para laborar
Ñero: amigo o socio de lo ajeno.
Guamazo: Golpe o remate
Ochonarios: equipo de fútbol que hace reír.
Chimbo: cheque falso o sin fondos, negocio desventajoso.

lunes, 7 de agosto de 2017

La patria

Tomado del boletín "La palabra del día" de Ricardo Soca.


Pintura "La Patria" de Jorge González Camarena, 1962. Recuperado de https://reinodetodoslosdias.wordpress.com/tag/cuadro-la-patria/




Patria es el país y la sociedad en que hemos nacido o aquella que hemos adoptado como propia.
La palabra proviene del adjetivo latino patrius 'relativo al padre'. El italiano parece haber sido la primera lengua romance que incorporó patria en su sentido actual, puesto que el primer registro conocido es de Dante Alighieri. Posteriormente, esta denotación fue adquirida por el francés patrie, antes de llegar al español hacia el siglo XIV. Uno de los ejemplos más antiguos es este texto anónimo de entre 1385 y 1396, extraído del corpus histórico de la Academia:
" Stando, pues, en paz el regno de Gallia, la tierra nudrjo una dicipla de la su destruccion, porque suptosament se leuanto en ella una turbacion de infidelidat, e el consentimjento de deslealdat por uno passo a muchos, e fue somoujda rebellacion contra el rey e la patria.

sábado, 22 de julio de 2017

Coma del vocativo

La coma del vocativo, o coma vocativa, es uno de los errores más frecuentes cometidos al escribir. Podríamos decir, incluso, que es el alter ego de la coma asesina o criminal. Hoy vamos a aprender qué es y cuándo hay que ponerla.
El otro día leí la siguiente noticia, cuyo titular es:
(1) La madre de una víctima del Arena: «Sr. Viñals es usted un hijo de puta».
Sin entrar en apreciaciones personales, vemos que tenemos un error. Efectivamente, «Sr. Viñals» debería haber ido separado del resto de la oración mediante una coma. ¿Por qué? Veámoslo…

¿Sujeto o vocativo?

En primer lugar, tendríamos que aclarar de qué estamos tratando. Más de uno tendrá la tentación de decir que «Sr. Viñals» es el sujeto de la oracióny, como dijimos en su momento, el sujeto no se separa de su verbo(salvo casos concretos). Desde este momento podemos asegurar que no es el sujeto, que es «usted». ¿Atributo, pues? Tampoco: el atributo es «un hijo de puta».
¿Qué es, entonces, «Sr. Viñals»? Los más tradicionales lo llamarán «vocativo», mientras que otros le dirán «apóstrofe», «apelación», etc. En mi opinión, y así también lo dice el DLEvocativo es el caso gramatical(lo que correspondería a la morfología, no a la sintaxis), por lo que no sería exacto, aunque, como filólogo clásico, es mi opción preferida. En cualquier caso, no merece la pena profundizar en un conflicto meramente terminológico.

¿Qué es el vocativo?

Para aprender un poco más al respecto, consultemos lo que dice la Sintaxis del latín clásico respecto al vocativo:
La definición y naturaleza de este caso han sido objeto de discusión desde los gramáticos antiguos. En general, se acepta que su contenido es el de apelación (propio para llamar o recabar la atención de una persona, para realizar una invocación, etc.) […]. Desde una postura estructural […] se considera el vocativo como el nombre en el plano de la actuación (funciones impresiva y expresiva del lenguaje), de manera que cumple así un papel similar al del imperativo en la órbita verbal.
[…] Parece claro que el vocativo no presenta problemas para su identificación formal como caso: la presencia de una marca especial de entonación ha hecho innecesaria una diferenciación morfológica.

¿Y por qué es necesaria la coma del vocativo?

El último párrafo citado habla, claro está, de la morfosintaxis latina; en cualquier caso, podemos aprovechar esa explicación. Efectivamente, la presencia de una marca especial de entonación —es decir, que cuando hablamos hay un tonillo característico— se representa en el plano escrito mediante una coma, en cualquier lengua. Esto, dicho sea de paso, se aprende el segundo día de una clase de Latín; que no es que haya que saber latín para esto, pero, curiosamente, es algo que no se suele enseñar en Lengua Castellana (ni en ninguna otra, para el caso).

Recapitulando, podemos concluir que el vocativo se separa siempre mediante comas, tanto de lo que va antes como de lo que va después. Citando a Cicerón, podemos poner estos ejemplos:
(2) ¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?
(2′) Catilina, ¿hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia?
(2”) ¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?
Como ves, la coma del vocativo no es ningún capricho y, de hecho, puede salvar vidas, pues no es lo mismo «vamos a comer niños» que «vamos a comer, niños». 

Tomado delcastellano.com